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Tan solo en Estados Unidos, más de 15 millones de personas han sido infectadas por el coronavirus causante de la enfermedad COVID-19, y muchas pueden estarse cuestionando si deben recibir una de las dos vacunas contra este virus, que están siendo prácticamente aprobadas para su uso en este y otros países.

Pues la respuesta corta es SÍ.

«Se les pedirá que hagan fila y también se vacunen», señaló el doctor William Schaffner, profesor de enfermedades infecciosas en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee. «No se hará ninguna distinción, en parte porque creemos no se producirá ningún evento adverso, y también la protección de la vacuna en realidad puede ser más duradera, es decir, de mayor duración que la que se obtiene de la infección natural».

Los coronavirus son conocidos por provocar una respuesta inmune defectuosa e incompleta en los humanos, indican los expertos en enfermedades infecciosas.

Esta es una de las razones por las que la ciencia aún no ha encontrado una cura para el resfriado común.

«Con los cuatro coronavirus beta estacionales que circulan y causan todas las infecciones de las vías respiratorias superiores que los médicos ven en sus consultorios, tales personas pierden inmunidad en meses o en un año o dos», advirtió el doctor Gregory Poland, director del Grupo de Investigación sobre Vacunas de la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota. «Es por eso que la gente es víctima del resfriado común una y otra vez».

El cuerpo usa una estrategia relativamente simple para combatir los coronavirus del resfriado común, y esta estrategia no parece causar una impresión duradera en la memoria del sistema inmunológico, mencionó Poland.

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Existe la posibilidad de que las personas que han tenido casos asintomáticos o leves de COVID-19 no hayan desarrollado una inmunidad duradera. De hecho, en este momento ni siquiera está claro qué tipo de inmunidad confieren los casos graves o potencialmente mortales.

«Si bien la infección natural brinda protección durante un período de tiempo, es algo impredecible cuán robusta es esa respuesta en los individuos», refirió el doctor Amesh Adalja, investigador principal del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, en Baltimore.

Sin embargo, una infección reciente por COVID-19 podría poner a una persona un poco más atrás en la fila para recibir la vacuna.

«Es cierto que aquellos que tuvieron una infección reciente, dentro de los siguientes 90 días, deberían recibir la vacuna después que los que no la tuvieron», añadió Adalja, quien resaltó las recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

Las enfermedades por coronavirus más amenazadoras como el SARS (síndrome respiratorio agudo severo) y el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) parecen producir una inmunidad que dura más tiempo, pero los datos son limitados porque ambos virus han infectado a muchas menos personas en comparación con el patógeno de la COVID-19, explicaron los científicos.

Los pacientes con COVID-19 no deberían sentir que no reciben nada de la vacuna, subrayó Adalja.

«En aquellos que se han recuperado, la vacuna aumentará la inmunidad natural y será más eficaz para prevenir enfermedades», afirmó.

Se espera que los ensayos clínicos para las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna otorguen más información sobre su beneficio para los pacientes previamente infectados, ya que los participantes continuarán siendo monitoreados durante los próximos meses y años, comentó Adalja. Los ensayos incluyeron a algunas personas que ya habían sido infectadas.

«Esta es un área activa de estudio y los ensayos de vacunas se analizarán en detalle para ver cómo la vacuna impactó la inmunidad natural, ya que el 10% de los que participaron en los ensayos ya tenían una infección previa», dijo Adalja.

 

Vía: Health Day News