Si notas una sensación dolorosa de calambres en la pantorrilla cuando caminas, lo más seguro es que culpes a la articulación de tu rodilla o al envejecimiento mismo. Sin embargo, dicho síntoma podría indicar una afección más grave, conocida como enfermedad arterial periférica o EAP.

La EAP ocurre cuando los depósitos de grasa obstruyen las arterias fuera del corazón, más comúnmente en las piernas, y reducen el suministro de sangre en esa parte del cuerpo. El síntoma distintivo es el dolor de piernas que se produce con el ejercicio, llamado claudicación intermitente (de la palabra latina claudicatio, que significa «cojear»).

¿Quiénes están en mayor más riesgo?

El riesgo de EAP aumenta con la edad y afecta a menos del 5% de las personas de 50 años, y a casi el 20% de las personas de 80 años. Fumar cigarrillos aumenta hasta tres veces el riesgo de EAP. Tener diabetes también parece triplicar las probabilidades de que una persona padezca la enfermedad, probablemente porque la diabetes tiende a debilitar y dañar los vasos sanguíneos.

Asimismo, la diabetes mal controlada puede dañar los nervios, una afección conocida como neuropatía periférica, que causa entumecimiento en las manos y los pies. Como resultado, un pequeño corte o rasguño en el pie puede pasar desapercibido y convertirse en una úlcera que no cicatriza, lo que podría llevar a una amputación. Un bloqueo significativo en la arteria que limita el flujo sanguíneo (condición llamada isquemia crítica de la extremidad) es una de las manifestaciones más peligrosas de la EAP ya que conlleva un alto riesgo de amputación o muerte, advirtió Campia.

Además, es probable que las personas con EAP tengan acumulación de placa de colesterol (aterosclerosis) en las arterias que irrigan sangre al corazón y cerebro, lo que las pone en riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un derrame cerebral.

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Diagnóstico

Si tienes síntomas de EAP, una prueba simple llamada índice tobillo-brazo puede ayudar a tu médico a determinar si tienes la afección. El especialista usará un brazalete especial para medir la presión arterial en tu tobillo y luego la comparará con la presión arterial en tu brazo. Si tus arterias están limpias, las lecturas deben estar próximas entre sí. Una presión más baja en el tobillo sugiere EAP.

¿Por qué debes caminar?

Los consejos estándar de estilo de vida para prevenir ataques cardíacos también se aplican a las personas con EAP, que incluyen dejar de fumar, llevar una dieta saludable para el corazón y hacer ejercicio con regularidad, especialmente caminar. Dar caminatas puede parecer contradictorio debido a la incomodidad, pero en realidad es lo mejor que puedes hacer por la EAP, aseguró Campia.

Caminar aumenta el flujo sanguíneo en las arterias más pequeñas de la pierna y ayuda a crear nuevos canales para mover la sangre alrededor de las obstrucciones; también ayuda a prevenir nuevos bloqueos. El truco es simplemente detenerse y descansar cuando sientas molestias, esperar hasta que desaparezcan y luego comenzar a caminar nuevamente. Comienza lento con caminatas cortas y aumenta gradualmente hasta caminar de 45 a 60 minutos a la vez (incluyendo los períodos de descanso), al menos tres veces por semana.

 

Vía: Harvard Medical School