Hay noches en las que un niño tarda más en quedarse dormido, se despierta por una pesadilla o simplemente quiere unos minutos más antes de ir a la cama. Estos episodios pueden ocurrir ocasionalmente. Sin embargo, cuando las dificultades para dormir se vuelven frecuentes, pueden afectar su comportamiento, aprendizaje y bienestar durante el día.

1. Tarda mucho en quedarse dormido

Si tu hijo pasa con frecuencia largos periodos despierto después de acostarse, a pesar de tener una rutina y tiempo suficiente para dormir, conviene observar qué está ocurriendo.

2. Se despierta muchas veces

Despertarse ocasionalmente durante la noche es normal, pero los despertares frecuentes pueden impedir que tenga un descanso continuo y reparador.

3. Está demasiado cansado durante el día

El sueño insuficiente puede manifestarse como cansancio, falta de atención o dificultad para mantenerse despierto. En algunos niños también aparece irritabilidad o mayor dificultad para controlar sus emociones.

4. Ronca de manera habitual

Los ronquidos frecuentes, especialmente cuando son fuertes o se acompañan de pausas en la respiración, jadeos o movimientos inusuales durante la noche, merecen comentarse con su pediatra.

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5. Su comportamiento cambia

Un niño que duerme mal puede presentar problemas de concentración, cambios en el estado de ánimo o dificultades para mantenerse atento en la escuela.

Si observas varias de estas señales de manera constante, lleva un registro de sus horarios de sueño, despertares y comportamiento durante el día. Esta información puede ayudar al profesional de la salud a valorar el problema.

Una rutina regular, un ambiente tranquilo y horarios adecuados para acostarse son importantes, pero no todas las dificultades para dormir se resuelven con hábitos. Cuando el problema persiste, es importante buscar la causa.

 

Fuente: HealthyChildren.org