Suena la alarma, abres los ojos y lo primero que piensas es que necesitas otras dos horas de sueño. Si despertar cansado se ha convertido en parte de tu rutina universitaria, no siempre significa que simplemente necesites dormir más. Existen diferentes factores que pueden explicar esa sensación de fatiga.

1. No duermes las horas necesarias

Entre clases, tareas, trabajo y vida social, es fácil reducir las horas de sueño. Dormir menos de lo que necesitas puede provocar cansancio durante el día y hacer que despertar sea especialmente difícil.

2. Tus horarios cambian constantemente

Dormir a diferentes horas cada noche puede alterar el ritmo natural de sueño y vigilia. Acostarte muy tarde algunos días y levantarte temprano otros puede hacer que tu descanso sea menos regular.

3. El estrés interfiere con tu descanso

Las preocupaciones por exámenes, trabajos o situaciones personales pueden dificultar que concilies el sueño o provocar despertares durante la noche. Aunque pases varias horas en la cama, el descanso puede no sentirse reparador.

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4. Tu entorno no favorece el sueño

Ruido, luz, temperaturas incómodas o pasar demasiado tiempo con dispositivos electrónicos antes de acostarte pueden dificultar un buen descanso.

5. Existe un problema de sueño

Si roncas intensamente, despiertas con sensación de ahogo, tienes dolores de cabeza por la mañana o sientes un sueño excesivo durante el día, puede existir un trastorno del sueño que requiera valoración profesional.

Revisa cómo estás durmiendo

Durante una semana, observa a qué hora te acuestas, cuándo despiertas, cuánto duermes y cómo te sientes durante el día. Esto puede ayudarte a identificar patrones.

Procura mantener horarios regulares, reservar tiempo suficiente para dormir y reducir las actividades estimulantes antes de acostarte. Si la fatiga continúa aunque duermas lo suficiente o afecta tus estudios y actividades, consulta con un profesional de la salud.

Despertar cansado de vez en cuando es normal. Hacerlo todos los días merece un poco más de atención.

 

Fuente: National Heart, Lung, and Blood Institute