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Comer rápido suele relacionarse con días ocupados, poco tiempo o la costumbre de terminar antes de seguir con otras actividades. Sin embargo, la velocidad al comer influye en la forma en que percibes la saciedad y en cómo transcurre el proceso digestivo. Muchas veces el hábito aparece sin darte cuenta.

¿Qué ocurre cuando comes muy rápido?

El cuerpo necesita tiempo para procesar señales relacionadas con el hambre y la satisfacción. Cuando las comidas ocurren con demasiada rapidez, estas señales pueden llegar después de haber terminado. Esto hace más difícil identificar cuándo ya comiste suficiente.

¿Cómo influye en la digestión?

Comer deprisa suele acompañarse de menor masticación y más aire durante la comida, situaciones que algunas personas relacionan con:

  • Sensación de pesadez.
  • Inflamación abdominal.
  • Gases.
  • Mayor incomodidad digestiva.

Conoce más: Digestión irregular: 5 señales que no debes ignorar

¿Por qué ocurre este hábito?

Las causas más frecuentes incluyen:

  • Horarios ajustados.
  • Comer mientras haces otras actividades.
  • Rutinas aceleradas.
  • Falta de tiempo para las comidas.

Con el tiempo, el cuerpo se acostumbra a ese ritmo.

¿Cómo comer con más calma?

  • Masticar mejor los alimentos.
  • Hacer pausas pequeñas.
  • Dedicar tiempo específico a las comidas.
  • Reducir distracciones.

Comer no solo consiste en cubrir una necesidad. La forma en que lo haces influye en la experiencia y en cómo responde tu cuerpo. Reducir la velocidad es un cambio pequeño con impacto diario.

 

Fuente:  Harvard T.H. Chan School of Public HealthÂ