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La gelatina se ha promocionado como una herramienta sencilla para favorecer la salud intestinal, sobre todo en el ámbito del bienestar. Aunque la idea resulta atractiva, la ciencia que la respalda es más compleja.

Concretamente, la gelatina es una proteína derivada del colágeno, que se encuentra en tejidos animales como la piel, los huesos y el cartílago. Al cocinarse, el colágeno se descompone en gelatina, rica en aminoácidos como la glicina y la prolina.

Es por esto y varias razones más que la gelatina podría influir en la salud intestinal.

Los aminoácidos como la glicina permiten regular la inflamación y mantener intactas las proteínas que preservan la mucosa intestinal. Estudios de laboratorio y en animales también han demostrado que los compuestos derivados del colágeno pueden influir en la capa de moco intestinal y fortalecer las uniones estrechas entre las células intestinales.

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Asimismo, existe una forma llamada tanato de gelatina, que se utiliza en algunos entornos médicos. Esta podría actuar formando una capa protectora sobre la mucosa intestinal y ayudando a reducir síntomas como la diarrea y las molestias abdominales.

Sin embargo, el tanato de gelatina es una formulación farmacéutica específica; no es lo mismo que la gelatina presente en alimentos o suplementos.

En cuanto a la gelatina dietética, la evidencia sólida en humanos todavía es limitada. Aunque los beneficios propuestos son plausibles, la gelatina no se considera una intervención probada para la salud intestinal. Muchos expertos en nutrición lo consideran, en el mejor de los casos, un complemento de apoyo, no una estrategia basada en la evidencia para mejorar la salud intestinal.

 

Fuente: Very Well Health