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El pescado azul, como el salmón, la sardina, el atún, la caballa y el arenque, es reconocido por su contenido de ácidos grasos omega-3. Estos nutrientes forman parte de las membranas de las células y participan en diferentes funciones del organismo, incluido el funcionamiento del sistema nervioso.

Incorporar pescado a la alimentación de forma regular puede aportar beneficios dentro de un patrón de dieta equilibrado. Sin embargo, ningún alimento por sí solo garantiza una buena salud cerebral; los efectos dependen del conjunto de los hábitos de vida.

Los omega-3 son nutrientes importantes

Los pescados azules aportan principalmente EPA y DHA, dos tipos de ácidos grasos omega-3 que intervienen en el funcionamiento normal del cerebro y del sistema nervioso.

También son una buena fuente de proteínas de alta calidad, vitamina D, vitamina B12, y minerales como selenio y yodo.

¿Cómo puede beneficiar al cerebro?

Consumido como parte de una alimentación saludable, el pescado azul puede:

  • Favorecer el funcionamiento normal del sistema nervioso.
  • Aportar grasas saludables relacionadas con la salud cerebral.
  • Formar parte de patrones de alimentación asociados con un menor riesgo cardiovascular.
  • Contribuir al desarrollo del cerebro durante el embarazo y la infancia.

Además, sustituir carnes con alto contenido de grasas saturadas por pescado puede beneficiar la salud del corazón, lo que también favorece una buena circulación hacia el cerebro.

Conoce más: ¿Por qué el pescado es clave en una dieta equilibrada?

La preparación también hace la diferencia

Para aprovechar mejor sus beneficios, es recomendable prepararlo al horno, al vapor, a la plancha o asado, en lugar de freírlo.

También conviene elegir especies con bajo contenido de mercurio, especialmente en el caso de mujeres embarazadas, niñas y niños.

El pescado azul es una fuente importante de nutrientes para el cerebro y el corazón cuando forma parte de una alimentación variada y equilibrada.

Consumirlo con regularidad, junto con frutas, verduras, cereales integrales y leguminosas, contribuye a una dieta que favorece la salud a largo plazo.

 

Fuente: American Heart Association