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Recibir un diagnóstico de hipertensión no significa que sea necesario dejar de hacer ejercicio. De hecho, la actividad física regular es una de las medidas que más contribuyen al control de la presión arterial y a la protección de la salud cardiovascular.

Sin embargo, no todas las personas deben realizar el mismo tipo o intensidad de ejercicio. La elección depende de los niveles de presión arterial, la presencia de otras enfermedades y la condición física de cada persona.

El ejercicio puede ser un aliado

Cuando se practica de forma regular, la actividad física ayuda a fortalecer el corazón, mejorar la circulación y favorecer el control de la presión arterial.

Las actividades aeróbicas, como caminar, nadar o andar en bicicleta, suelen formar parte de las recomendaciones para muchas personas con hipertensión.

¿Cuándo conviene tener precaución?

Antes de iniciar una rutina de ejercicio es recomendable consultar con un profesional de la salud si:

  • La presión arterial está muy elevada y aún no se encuentra controlada.
  • Existen enfermedades del corazón u otras condiciones importantes.
  • Han aparecido síntomas como dolor en el pecho, falta de aire intensa o mareos.

En estos casos puede ser necesario ajustar el tratamiento o indicar una evaluación antes de aumentar el nivel de actividad física.

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Algunas recomendaciones útiles

Para ejercitarte con mayor seguridad procura:

  • Realizar un calentamiento antes de comenzar.
  • Incrementar la intensidad de forma gradual.
  • Mantenerte hidratado.
  • Evitar contener la respiración durante ejercicios de fuerza.
  • Suspender la actividad si aparecen síntomas preocupantes.

La mayoría de las personas con hipertensión puede beneficiarse del ejercicio cuando este se adapta a su condición y se realiza bajo las recomendaciones adecuadas.

La constancia suele ser más importante que la intensidad. Incorporar movimiento de forma regular ayuda a cuidar el corazón y complementa otras medidas para controlar la presión arterial.

 

Fuente: American Heart Association