Salir al sol y sentir molestia intensa, cerrar los ojos ante luces brillantes o notar incomodidad frente a pantallas puede ser desconcertante. La sensibilidad a la luz, también llamada fotofobia, puede aparecer por distintas causas y variar desde una molestia leve hasta algo que interfiere con las actividades diarias.

No siempre indica un problema grave, pero tampoco debe ignorarse si es frecuente.

¿Por qué aparece la sensibilidad a la luz?

Los ojos reaccionan constantemente a los cambios de iluminación. Cuando existe irritación, cansancio visual o alguna alteración ocular, esa respuesta puede intensificarse y generar molestia ante la luz. La intensidad puede variar de una persona a otra.

Factores que podrían estar relacionados

Existen distintas situaciones que pueden favorecer esta sensibilidad:

  • Fatiga visual por uso prolongado de pantallas.
  • Ojos secos o irritación ocular.
  • Migraña o dolor de cabeza.
  • Inflamación o infecciones oculares.

En algunos casos, la molestia aparece solo en ciertos momentos y en otros puede mantenerse de forma constante.

¿Qué señales indican que debes prestar atención?

Además de la molestia ante la luz, pueden presentarse visión borrosa, lagrimeo, dolor ocular o dolor de cabeza.

Si estos síntomas son persistentes, vale la pena buscar evaluación.

Conoce más: 5 hábitos para prevenir los ojos secos por el uso de pantallas

¿Qué puede ayudarte?

  • Reducir el tiempo continuo frente a pantallas.
  • Descansar la vista regularmente.
  • Mantener buena lubricación ocular si existe resequedad.
  • Evitar exposición intensa a luz cuando haya molestias.

La sensibilidad a la luz puede tener distintas explicaciones y no siempre está relacionada con algo serio. Sin embargo, identificar en qué momentos aparece y si cambia con el tiempo puede aportar información importante para cuidar tu salud visual.

 

Fuente: American Academy of Ophthalmology