La presión ocular es la fuerza que ejercen los líquidos dentro del ojo. Aunque la mayoría de las personas nunca la siente ni la percibe directamente, mantenerla dentro de ciertos niveles es importante para la salud visual.

El problema es que algunas alteraciones relacionadas con la presión ocular pueden desarrollarse de forma lenta y silenciosa. Por ello, muchas personas desconocen que existe un problema hasta que una revisión oftalmológica lo detecta.

No siempre aparecen síntomas evidentes

Cuando pensamos en una enfermedad ocular, solemos imaginar dolor, enrojecimiento o visión borrosa. Sin embargo, los cambios en la presión ocular no siempre producen molestias durante las etapas iniciales.

Esto significa que una persona puede sentirse bien y ver aparentemente con normalidad mientras ocurren cambios que afectan estructuras importantes del ojo.

La presión ocular y el glaucoma están relacionados

La presión ocular elevada es uno de los principales factores de riesgo para el glaucoma, una enfermedad que puede dañar el nervio óptico. Este nervio es responsable de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro.

Cuando el daño progresa, la visión puede verse afectada de manera permanente. En muchos casos, los cambios comienzan en la visión periférica, por lo que pueden pasar inadvertidos durante bastante tiempo.

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Las revisiones ayudan a detectar cambios tempranos

Durante una consulta oftalmológica es posible medir la presión ocular y evaluar otras estructuras del ojo. Estas revisiones son especialmente importantes para personas con antecedentes familiares de glaucoma, diabetes o edad avanzada.

La salud visual implica mucho más que actualizar la graduación de los lentes. Las evaluaciones periódicas permiten identificar cambios que podrían no causar síntomas y favorecen una atención oportuna cuando es necesaria.

 

Fuente: National Eye Institute