Cuando estás estresado, tu cuerpo libera sustancias químicas llamadas hormonas, mismas que te ponen en alerta y pueden elevar tu presión arterial, tu frecuencia cardíaca y tus niveles de azúcar en la sangre. 

De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, existen diferentes tipos de estrés, es decir, puede ser a corto o largo plazo. Desafortunadamente, el estrés que dura largos períodos puede dañar tu salud.

Entre ellos destacan los siguientes:

  1. Estrés de rutina debido a las demandas del trabajo, la escuela, las necesidades familiares, los problemas económicos y otras presiones diarias que no terminan.
  2. Estrés por cambios repentinos y difíciles, como divorcio, enfermedad, pérdida del trabajo u otros acontecimientos poco felices que a menudo tienen un impacto prolongado.
  3. Estrés traumático, que puede ocurrir cuando estás en peligro de sufrir un daño grave o la muerte. Ejemplo de ello es un accidente grave, una guerra, una inundación, un terremoto u otro evento aterrador. Este tipo de estrés puede causar un problema de larga duración llamado trastorno de estrés postraumático (TEPT).

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¡Sigue estos consejos!

  • Haz ejercicio con regularidad.
  • Realiza actividades relajantes.
  • Duerme lo suficiente todas las noches.
  • Evita tomar demasiada cafeína

¿Cuándo visitar a un médico?

Si has tomado medidas para controlar el estrés, pero éste continúa afectando tu calidad de vida, consulta a tu médico. Un profesional de la salud puede plantearte la posibilidad de ver a un consejero o terapeuta profesional, con el fin de identificar las fuentes de tu estrés y aprender nuevas herramientas para enfrentarlo.

Busca ayuda de emergencia inmediatamente si tienes dolor en el pecho, en especial si también tienes dificultad para respirar, dolor en la mandíbula o en la espalda, dolor que se irradia al hombro y al brazo, sudoración, mareos o náuseas. Estos pueden ser signos de advertencia de un ataque cardíaco y no simplemente síntomas de estrés.

Si es necesario, pide el apoyo de tu familia o amigos. ¡No estás solo! No temas en acercarte a un profesional de la salud mental. Recuerda que una buena asesoría puede mejorar tu calidad de vida.

 

Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos