El desarrollo del cerebro sigue una cronología general, alcanzando su tamaño completo durante la primera infancia a medida que las vías neuronales se forman, se perfeccionan y se fortalecen hasta los 20 años y después.

A grandes rasgos, la cronología se describe de la siguiente manera:

  • Primera infancia (0-5 años): Tras el nacimiento, el cerebro experimenta un rápido crecimiento, formando billones de conexiones neuronales (sinapsis) entre los 2 y los 4 años. Al mismo tiempo, unas células especializadas llamadas oligodendrocitos secretan una sustancia aislante llamada mielina que mejora la transmisión nerviosa y contribuye al crecimiento de la sustancia blanca del cerebro.
  • Segunda infancia (6-12 años): A los 6 años, el cerebro alcanza aproximadamente el 95% de su tamaño adulto. La sustancia gris más externa del cerebro (involucrada en tareas cognitivas complejas) también comienza a aumentar de tamaño y grosor, alcanzando su máximo a los 8 años. Esto incluye la corteza prefrontal, la parte del cerebro relacionada con el razonamiento. También se producirá la eliminación («poda») de las vías neuronales menos activas para aumentar la eficiencia del cerebro.
  • Adolescencia a adultez temprana (13-20 años): A medida que la corteza prefrontal madura, fortalece su conexión con el sistema límbico, la parte del cerebro relacionada con las emociones. La mejora de las conexiones entre estas áreas contribuye al desarrollo de habilidades necesarias para comprender y gestionar las emociones y los impulsos.
  • Adultez (21 años o más): A esta edad, el cerebro habrá alcanzado su tamaño máximo. Aunque el volumen de materia gris habrá disminuido progresivamente tras la adolescencia, la materia blanca (que conecta las neuronas del cerebro) aumentará, alcanzando su máximo alrededor de los 30 años. A medida que esto ocurre, también aumentarán funciones complejas como la toma de decisiones, la resolución de problemas y el pensamiento abstracto.

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Incluso después de los 30 años, el cerebro no deja de desarrollarse por completo. Continúa cambiando y adaptándose a lo largo de la vida, un proceso conocido como neuroplasticidad.

Aunque el desarrollo estructural se detiene, la capacidad del cerebro para reorganizarse, formar nuevas conexiones y cambiar en respuesta a las experiencias nunca cesa por completo.

 

Fuente: Very Well Health