Mantener la atención durante una tarea puede resultar difícil cuando existen distracciones constantes, cansancio o demasiadas actividades pendientes. Aunque la capacidad de concentración puede variar de un día a otro, algunos hábitos ayudan a crear condiciones más favorables para mantener el enfoque.

No se trata de permanecer concentrado durante horas sin descanso. Alternar periodos de atención con pausas y cuidar las necesidades básicas del organismo puede ser una estrategia más efectiva y sostenible.

Recomendaciones

1. Duerme lo suficiente. El sueño es fundamental para la memoria, la atención y otras funciones cognitivas. Dormir poco puede dificultar la concentración y aumentar los errores durante las actividades diarias. Procura mantener horarios regulares y reservar suficiente tiempo para descansar.

2. Reduce las distracciones. Las notificaciones del teléfono, las conversaciones y tener demasiadas ventanas abiertas pueden interrumpir constantemente la atención. Cuando necesites concentrarte, silencia las notificaciones y mantén a la vista únicamente lo necesario para realizar la tarea.

Conoce más: 5 hábitos que ayudan a cuidar la memoria con la edad

3. Divide las actividades. Una tarea muy extensa puede resultar abrumadora. Dividirla en pasos pequeños permite establecer objetivos concretos y facilita mantener la atención. También puedes trabajar durante un periodo determinado y después hacer una pausa breve.

4. Mantente físicamente activo. La actividad física regular favorece la circulación y se relaciona con beneficios para la salud cerebral. Incluso caminar unos minutos puede ser una forma sencilla de incorporar movimiento durante el día.

5. Alimenta e hidrata tu cuerpo. Pasar muchas horas sin comer o beber suficiente agua puede contribuir a sentir cansancio y dificultar la atención. Una alimentación variada y una hidratación adecuada ayudan a mantener el organismo funcionando correctamente.

La concentración no depende únicamente de la fuerza de voluntad. El descanso, el movimiento, la alimentación y el entorno también influyen en la capacidad de mantener la atención.

Si notas una dificultad persistente para concentrarte que interfiere con el trabajo, los estudios o las actividades cotidianas, conviene comentarlo con un profesional de la salud para identificar posibles causas.

 

Fuente: National Institute on Aging