Hay momentos en los que la preocupación se instala sin avisar. Puede ocurrir antes de una cita médica, mientras esperas una llamada importante o simplemente al pensar en cambios que han llegado con los años. Cuando la ansiedad aparece, aprender a controlar la respiración puede ayudarte a recuperar la calma.

La respiración cambia cuando estás ansioso

Ante una situación de tensión, es común respirar más rápido o de manera superficial. Esto puede aumentar la sensación de nerviosismo y hacer que prestes más atención a las sensaciones físicas de la ansiedad.

Los ejercicios de respiración buscan disminuir ese ritmo y favorecer una respiración más lenta y controlada. No eliminan la causa de la ansiedad, pero pueden ser una herramienta para manejarla en determinados momentos.

Conoce más: ¿Cómo saber si es ansiedad o exceso de café?

Prueba una respiración sencilla

Si estás sentado en un lugar tranquilo, coloca una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho. Respira lentamente por la nariz, procurando que el abdomen se eleve suavemente. Después, exhala de manera pausada.

Puedes repetir el ejercicio durante algunos minutos, sin forzar la respiración ni intentar llenar los pulmones al máximo.

Otra opción consiste en concentrarte simplemente en hacer la exhalación un poco más larga que la inhalación. Si contar te resulta cómodo, puedes inhalar durante unos segundos y exhalar durante un periodo ligeramente mayor.

Hazlo sin exigirte

No es necesario esperar a sentir ansiedad intensa para practicar. Incorporar unos minutos de respiración tranquila durante el día puede ayudarte a familiarizarte con la técnica para que resulte más natural cuando atravieses un momento difícil.

Si al practicar sientes mareo, incomodidad o más ansiedad, detén el ejercicio y vuelve a respirar normalmente.

La ansiedad persistente necesita atención

Los ejercicios de respiración son una herramienta complementaria, no un sustituto de la atención profesional. Si la ansiedad es frecuente, interfiere con tu sueño, actividades o relaciones, o se acompaña de síntomas que te preocupan, habla con un profesional de la salud.

Aprender a respirar con calma puede darte un momento para detenerte, recuperar el ritmo y afrontar con mayor tranquilidad aquello que tienes delante.

 

Fuente: National Institute of Mental Health