Para la gran mayoría de las personas, revisar el celular es la última actividad que realizan antes de cerrar los ojos. Aunque parezca una forma inofensiva de relajarse tras un día agotador, la ciencia del sueño ha demostrado que interactuar con pantallas brillantes en la cama altera profundamente la química de nuestro cerebro, saboteando la calidad del descanso y afectando directamente nuestra energía y salud al día siguiente.

El uso de dispositivos móviles por la noche genera una serie de reacciones fisiológicas y cognitivas que impiden que el cuerpo transite de manera adecuada hacia un sueño reparador.

Supresión de la melatonina por la luz azul

Las pantallas de los smartphones emiten una luz azul de onda corta que imita la luz solar. Al recibir este estímulo visual directo por la noche, los fotorreceptores de tus ojos envían una señal equívoca al cerebro indicando que aún es de día. 

Como consecuencia, se bloquea la producción natural de melatonina —la hormona responsable de regular el ciclo de sueño—, lo que retrasa el inicio del descanso y reduce las fases de sueño profundo.

Estado de alerta mental y pico de cortisol

Leer noticias, responder mensajes de trabajo o navegar por redes sociales mantiene el cerebro en un estado de hiperalerta y activación cognitiva. Si encuentras información estresante o emocionante, tu cuerpo liberará cortisol y adrenalina, hormonas totalmente incompatibles con la relajación necesaria para conciliar el sueño.

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Fragmentación del sueño y fatiga diurna

Incluso si logras dormirte rápidamente tras usar el teléfono, la estimulación lumínica previa suele provocar microdespertares a lo largo de la noche. Esto se traduce en un sueño fragmentado y superficial, lo que explica por qué muchas personas despiertan sintiéndose exhaustas a pesar de haber pasado ocho horas en la cama.

La solución más efectiva consiste en crear un «santuario de sueño» estableciendo una regla digital clara: apagar o alejar los dispositivos móviles al menos de 30 a 60 minutos antes de acostarse.

Reemplazar este hábito por la lectura de un libro físico o música suave preparará a tu cerebro de forma natural para un descanso verdaderamente reparador.

 

Fuente: Harvard Health Publishing