Tomar una siesta puede ser una forma de recuperar energía durante el día, especialmente después de una mala noche de sueño o en momentos de mayor cansancio. Sin embargo, la duración y el horario de la siesta pueden influir en cómo se siente una persona al despertar y en la calidad del descanso nocturno.

No todas las personas necesitan dormir durante el día. Para algunas, una siesta breve puede mejorar el estado de alerta, mientras que para otras puede dificultar conciliar el sueño por la noche.

Las siestas largas pueden cambiar el descanso

Cuando una siesta supera aproximadamente los 30 minutos, aumenta la posibilidad de entrar en fases más profundas del sueño. Al despertar, algunas personas pueden experimentar sensación de confusión, lentitud o dificultad para retomar sus actividades.

Este fenómeno se conoce como inercia del sueño y puede durar algunos minutos o más dependiendo de la persona.

También puede afectar el sueño nocturno

Dormir durante períodos prolongados en la tarde puede reducir la necesidad de sueño por la noche. Esto puede hacer que sea más difícil quedarse dormido a la hora habitual o provocar cambios en los horarios de descanso.

El efecto suele ser mayor cuando la siesta ocurre demasiado tarde.

Conoce más: Pros y contras de tomar siestas a mitad del día

Recomendaciones para una siesta saludable

Si decides dormir durante el día, puede ayudar:

  • Mantenerla corta, especialmente si necesitas seguir activo después.
  • Realizarla en un horario temprano de la tarde.
  • Evitar usarla como sustituto constante de una buena noche de sueño.
  • Crear un ambiente cómodo y tranquilo.

Una siesta ocasional puede ser útil, pero la necesidad frecuente de dormir durante el día puede ser una señal de que el descanso nocturno no es suficiente o no es reparador.

Si existe cansancio extremo durante el día, somnolencia frecuente o dificultad persistente para dormir por la noche, es recomendable consultar con un profesional de la salud para identificar la causa.

 

Fuente: Mayo Clinic