Quizá has notado que necesitas una chamarra incluso cuando otras personas consideran agradable la temperatura. La sensibilidad al frío en adultos mayores puede aumentar con los años debido a cambios naturales del organismo. Después de los 70, reconocer estas modificaciones ayuda a mantenerte cómodo y proteger tu salud durante los días más frescos.
¿Qué cambia con el envejecimiento?
El cuerpo cuenta con mecanismos que ayudan a conservar una temperatura estable. Sin embargo, algunos de ellos pueden volverse menos eficientes con la edad.
Entre los factores que influyen se encuentran:
- Disminución de la masa muscular.
- Cambios en la circulación sanguínea.
- Menor capacidad para conservar el calor.
- Reducción de la actividad física.
Además, ciertas enfermedades, como la anemia, pueden aumentar la sensación de frío.
Conoce más: ¿Cómo afecta el clima frío a tu corazón?
¿Cómo protegerte de las bajas temperaturas?
Aunque no siempre puedes controlar el clima, existen medidas que pueden ayudarte:
- Utiliza varias capas de ropa.
- Mantén tus manos y pies abrigados.
- Evita permanecer demasiado tiempo en espacios fríos.
- Conserva una temperatura agradable dentro de casa.
- Consume alimentos y bebidas suficientes durante el día.
También es importante mantenerte físicamente activo según tus posibilidades, ya que el movimiento ayuda a generar calor corporal.
¿Cuándo conviene consultar al médico?
Si comienzas a sentir frío de manera intensa o constante, especialmente cuando antes no ocurría, coméntalo durante una consulta médica. Presta atención si esta sensación aparece junto con cansancio excesivo, palidez, debilidad o cambios importantes en tu estado general.
Durante temperaturas muy bajas, las personas mayores tienen mayor riesgo de hipotermia, una disminución peligrosa de la temperatura corporal. La confusión, la somnolencia intensa o la dificultad para hablar requieren atención urgente.
Adaptar tu vestimenta y las condiciones de tu hogar puede ayudarte a mantener la comodidad y continuar con tus actividades habituales.
Fuente: National Institute on Aging







