Entre llevar a los hijos a la escuela, atender pendientes de casa, acompañar a un familiar y cumplir con el trabajo, es fácil que tu propia salud quede para después. Quizá piensas que primero deben resolverse las necesidades de los demás y que ya habrá tiempo para descansar, comer con calma o acudir a una consulta. Sin embargo, cuidar de otros también requiere que encuentres espacios para cuidarte.
No esperes a sentirte agotado
El cansancio ocasional es parte de una vida con muchas responsabilidades. El problema aparece cuando dormir poco, saltarte comidas o posponer tus necesidades se convierten en la norma.
Identifica qué momentos del día puedes reservar para comer, descansar o realizar alguna actividad física, aunque sean periodos breves.
Incluye tu salud en la agenda
Las consultas médicas y revisiones preventivas también son pendientes importantes. Si acostumbras organizar las citas de los demás, incorpora las tuyas de la misma manera.
Llevar un registro de tus medicamentos, estudios y antecedentes puede facilitar el seguimiento de tu salud y evitar que una revisión importante quede pendiente indefinidamente.
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Comparte las responsabilidades
Cuidar a una familia no significa tener que hacerlo todo. Habla con las personas que viven contigo sobre las tareas que pueden repartirse y busca apoyo cuando sea necesario.
Delegar algunas actividades puede darte tiempo para descansar o atender una necesidad personal que has estado posponiendo.
Cuida también lo que sientes
Las responsabilidades familiares pueden generar preocupación, frustración o agotamiento emocional. Si notas que estas emociones persisten y afectan tu sueño, relaciones o actividades cotidianas, hablar con un profesional de la salud puede ayudarte.
Cuidarte no significa restar importancia a tu familia. Significa reconocer que tu salud también forma parte de las necesidades de quienes dependen de ti. Encontrar pequeños espacios para descansar, moverte, alimentarte y atender tus consultas puede hacer que el autocuidado sea parte de tu rutina y no una tarea que siempre queda para después.
Fuente: Mayo Clinic







