La alarma suena, revisas la hora y descubres que tienes apenas unos minutos para salir. Piensas que puedes aguantar hasta la comida y sales de casa sin tomar el desayuno. Sin embargo, cuando la jornada comienza, el hambre puede aparecer justo cuando tienes una reunión, estás concentrado en una tarea o tienes pendientes que resolver.
Aunque no todas las personas necesitan desayunar inmediatamente después de despertar, convertir en costumbre el hecho de saltarse la primera comida puede dificultar una alimentación adecuada durante el día.
Puede afectar cómo organizas tu alimentación
Cuando eliminas una comida habitual, tienes menos oportunidades durante el día para cubrir tus necesidades de energía y nutrientes. Además, si llegas a la siguiente comida con mucha hambre, puede resultar más difícil elegir con calma qué comer.
Esto no significa que saltarse el desayuno provoque automáticamente un aumento de peso. La evidencia en adultos es más compleja y no permite establecer una relación directa en todos los casos.
Conoce más: Consejos para crear un desayuno equilibrado con bajo índice glucémico
Puede dejar menos espacio para alimentos nutritivos
Un desayuno bien integrado a tu rutina puede aportar alimentos que de otra manera quizá consumes en menor cantidad durante el día, como fruta, cereales integrales, lácteos, huevo o legumbres.
Para una persona que trabaja, tener una primera comida equilibrada puede facilitar que la alimentación no dependa únicamente de lo que encuentre disponible durante la jornada.
El hambre puede aparecer en medio del trabajo
Si acostumbras desayunar y un día lo omites, es posible que el hambre se haga presente antes de tu siguiente comida. Esto puede resultar especialmente incómodo cuando tienes una jornada con reuniones, traslados o actividades que requieren atención.
La relación entre desayuno y concentración, sin embargo, no es tan sencilla.
Haz que tu rutina trabaje a tu favor
Si tienes poco tiempo por las mañanas, prepara algo desde la noche anterior. Un desayuno sencillo puede incluir una fuente de proteína, fruta y un cereal integral, por ejemplo, yogur con avena y fruta, huevo con tortilla o una combinación de frijoles y tortilla.
Y si habitualmente no tienes hambre al despertar, no necesitas forzarte a comer inmediatamente. Lo importante es que tus horarios laborales no hagan que, de manera constante, tu alimentación quede relegada durante buena parte del día.
Fuente: PubMed







