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Las clementinas son un híbrido de mandarina y naranja, que se distingue por ser más pequeña, dulce, fácil de pelar y casi siempre sin semillas. Estas, al igual que otros cítricos, contienen fibra que actúa como prebiótico, así como polifenoles (compuestos vegetales especiales que funcionan como antioxidantes), que nutren a las bacterias beneficiosas, fomentan la diversidad microbiana y reducen la inflamación, favoreciendo así una microbiota intestinal saludable y la salud digestiva en general.

La fibra soluble de las clementinas nutre las bacterias intestinales beneficiosas y reduce la inflamación. Por el contrario, la fibra insoluble ayuda a regular las deposiciones, aumenta el volumen de las heces y favorece el movimiento de alimentos y desechos a través del cuerpo.

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La fibra también ayuda a ralentizar la absorción de azúcares, lo que puede reducir los picos de azúcar en sangre y favorecer el control del peso.

Diversas investigaciones indican que el efecto combinado de las sustancias bioactivas presentes en cítricos como las clementinas se ha relacionado con un menor riesgo de síndrome metabólico (una combinación de afecciones que aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y eventos cerebrovasculares).

La evidencia sugiere que los flavonoides cítricos pueden reducir el colesterol, el estrés oxidativo y la inflamación, mejorando así la presión arterial, la función vascular y el metabolismo lipídico, lo que ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares y la aterosclerosis (depósitos de placa en las paredes internas de las arterias).

Fuente: Very Well Health