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La enfermedad diabética del corazón es un término que se utiliza para nombrar la enfermedad cardíaca en personas que tienen diabetes, así lo indica la Biblioteca Nacional de Salud de Estados Unidos.

Si padeces la enfermedad del azúcar en sangre, es mucho más probable que desarrolles una enfermedad cardíaca o un derrame cerebral que las personas que no padecen diabetes. Además, existe la posibilidad de que comiences a tener estos problemas a una edad más temprana.

Con el paso del tiempo, los efectos de tener niveles elevados de azúcar sanguínea debido a la diabetes pueden incluir daños en los vasos sanguíneos y en los nervios del corazón. Dicho daño aumenta tu probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas, como por ejemplo:

  • Enfermedad de las arterias coronarias (EAC). Se presenta de manera lenta y progresiva a medida que un material pegajoso, llamado placa, se acumula en las arterias que suministran sangre al músculo cardíaco.
  • Insuficiencia cardíaca. Con esta condición, tu corazón no es capaz de bombear suficiente sangre rica en oxígeno para satisfacer las necesidades de tu cuerpo.
  • Miocardiopatía. Es un grupo de enfermedades en las que el músculo cardíaco puede volverse grueso o rígido.

Conoce más: ¿Cómo prevenir enfermedades del corazón relacionadas con la diabetes?

Durante las primeras etapas, la enfermedad cardíaca generalmente no presenta ningún síntoma. Pero si tu enfermedad del corazón empeora, manifestarás una sintomatología muy visible. Tus síntomas dependerán del tipo de enfermedad cardíaca que tengas, los cuales pueden incluir:

  • Dificultad para respirar
  • Fatiga
  • Mareos o desmayos
  • Arritmia (problema con la frecuencia o el ritmo de los latidos del corazón)
  • Pies y tobillos hinchados
  • Dolor de pecho

RECUERDA: Nunca olvides que las personas con diabetes podrían no sentir dolor en el pecho. Esto se debe a que la diabetes puede dañar los nervios de su corazón. Por ello, si muestras alguno de los síntomas antes mencionados, habla con tu proveedor de atención médica.

 

Fuente: U.S. National Library of Medicine