La frecuencia cardiaca es el número de veces que tu corazón late por minuto. Aunque suele pasar desapercibida, este dato puede ofrecer información importante sobre tu estado de salud y la forma en que responde tu cuerpo a distintas situaciones.

Factores como la actividad física, el estrés, la temperatura ambiental o algunos medicamentos pueden influir en la frecuencia cardiaca a lo largo del día.

No siempre late al mismo ritmo

Es normal que la frecuencia cardiaca aumente durante el ejercicio o en momentos de nerviosismo. Por el contrario, suele disminuir cuando estás en reposo o mientras duermes.

Por eso, una medición aislada no siempre refleja tu estado general de salud. Lo importante es observar los cambios en contexto.

Una frecuencia en reposo puede aportar pistas

En la mayoría de los adultos, la frecuencia cardiaca en reposo suele encontrarse entre 60 y 100 latidos por minuto. Las personas físicamente activas pueden presentar valores más bajos sin que esto represente un problema.

Cambios persistentes en la frecuencia cardiaca pueden ser una señal de que conviene consultar a un profesional de la salud.

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Otros factores también influyen

La edad, la condición física, el consumo de cafeína, el estrés y algunas enfermedades pueden modificar la frecuencia cardiaca. Por ello, este indicador debe considerarse junto con otros aspectos de la salud.

Llevar un estilo de vida saludable, realizar actividad física y acudir a revisiones médicas periódicas puede ayudarte a mantener una buena salud cardiovascular. Conocer tu frecuencia cardiaca es una forma sencilla de estar más atento a las señales de tu cuerpo.

 

Fuente: American Heart Association