Quizá tengas un lunar desde hace años y ya ni siquiera recuerdes cuándo apareció. La mayoría no representa un problema, pero conocer la apariencia habitual de tu piel puede ayudarte a reconocer cuando una mancha comienza a cambiar.
Durante la universidad puedes pasar mucho tiempo al aire libre, practicar algún deporte o trasladarte entre distintos lugares. Por eso, aprender a observar tu piel desde ahora es un hábito que puede acompañarte durante muchos años.
Aprende a reconocer los cambios
Algunos cambios en un lunar pueden ser señales de melanoma. Una forma de observarlos es mediante la regla ABCDE: asimetría, bordes irregulares, color desigual, diámetro y evolución.
Presta atención si un lunar:
- Comienza a verse diferente a los demás.
- Cambia de tamaño o forma.
- Desarrolla varios colores.
- Presenta bordes irregulares.
- Comienza a picar o sangrar.
- Cambia progresivamente con el tiempo.
Un lunar nuevo en la adultez también puede requerir valoración, especialmente si presenta características diferentes.
Conoce más: Manchas y lunares, ¿qué cambios conviene vigilar?
Revisar no significa alarmarse
Observar tu piel no significa asumir que cualquier lunar es cáncer. El objetivo es reconocer cambios que justifiquen una evaluación profesional.
Puedes aprovechar actividades cotidianas para observar brazos, piernas, espalda, cuello y otras zonas. Para áreas difíciles de revisar, puedes pedir ayuda a alguien de confianza.
Si encuentras una lesión nueva o que está cambiando, evita intentar diagnosticarla mediante fotografías de internet. Un dermatólogo puede examinarla y determinar si necesita seguimiento o algún estudio.
Crear este hábito desde la juventud te permite conocer mejor tu piel y detectar cambios que antes no estaban presentes.
Fuente: American Academy of Dermatology







