Para muchas personas, las apuestas forman parte del entretenimiento. Participar ocasionalmente en rifas, quinielas o juegos de azar puede percibirse como una actividad recreativa. Sin embargo, existe una diferencia importante entre jugar por diversión y desarrollar conductas que afectan la vida personal, familiar o económica.

Reconocer esa diferencia puede ayudar a identificar situaciones que requieren atención antes de que se conviertan en un problema mayor.

El objetivo deja de ser la diversión

Cuando una persona apuesta principalmente por entretenimiento, suele establecer límites de tiempo y dinero. En cambio, cuando el juego comienza a ocupar un espacio cada vez más importante en la rutina, las prioridades pueden cambiar.

Algunas personas empiezan a pensar constantemente en apuestas futuras o a dedicar más tiempo del previsto a estas actividades.

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Algunas conductas pueden indicar un problema

Por ejemplo:

  • Apostar cantidades cada vez mayores.
  • Intentar recuperar el dinero perdido mediante nuevas apuestas.
  • Ocultar la actividad a familiares o amigos.
  • Descuidar responsabilidades personales.
  • Sentir irritabilidad cuando no es posible apostar.

Las consecuencias pueden ir más allá del aspecto económico

Las dificultades relacionadas con las apuestas pueden afectar las relaciones personales, el trabajo, los estudios y el bienestar emocional. Además, el estrés asociado a las pérdidas económicas puede repercutir en la salud.

Hablar sobre el tema y buscar apoyo cuando las apuestas dejan de ser una actividad recreativa puede ayudar a recuperar el equilibrio y prevenir problemas más complejos en el futuro.

 

Fuente: National Institute on Drug Abuse