Caminar unos minutos después de una comida puede aportar beneficios importantes para la digestión y la salud metabólica. Este hábito sencillo ayuda al cuerpo a procesar los alimentos de manera más eficiente y favorece el bienestar general.
Estimula el movimiento intestinal
Una caminata ligera favorece el movimiento de los músculos del sistema digestivo, lo que ayuda a que los alimentos avancen de manera más fluida a través del tracto gastrointestinal. Esto puede prevenir molestias como la pesadez, la hinchazón o el estreñimiento.
Regula los niveles de glucosa
Caminar después de comer, especialmente tras comidas ricas en carbohidratos, contribuye a reducir los picos de glucosa en sangre. Al activar los músculos, el cuerpo utiliza parte de esa glucosa como energía, mejorando la sensibilidad a la insulina y disminuyendo el riesgo de alteraciones metabólicas.
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Favorece la salud cardiovascular
Hacer de la caminata postprandial un hábito regular puede apoyar la salud del corazón. Se ha observado que ayuda a controlar la presión arterial y los niveles de colesterol, además de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo.
Mejora el bienestar general
Más allá de los aspectos digestivos y metabólicos, caminar después de comer también puede mejorar el estado de ánimo, favorecer la relajación y aumentar la energía para continuar con las actividades del día. Lo recomendable es hacerlo a un ritmo suave, evitando esfuerzos intensos que podrían incomodar la digestión.
En resumen, caminar entre 10 y 20 minutos después de las comidas principales puede ser una estrategia simple y efectiva para mejorar la digestión, controlar los niveles de azúcar en sangre y promover un estilo de vida más saludable.
Fuente: Cleveland Clinic