La luz azul forma parte de la luz visible que emiten el sol y dispositivos como teléfonos, computadoras y tabletas. En los últimos años se ha estudiado si esta exposición puede influir en el envejecimiento de la piel.

Aunque la luz solar es una fuente mucho más importante de exposición que las pantallas, existen investigaciones que sugieren que la luz visible, incluida la azul, puede contribuir al estrés oxidativo y a algunos cambios en la piel.

¿Puede acelerar el envejecimiento?

La exposición a la luz visible puede generar especies reactivas de oxígeno en la piel. Este proceso puede favorecer el estrés oxidativo, que está relacionado con daños celulares.

Algunos estudios también han encontrado una relación entre la luz visible y alteraciones en la pigmentación, especialmente en personas con determinados tonos de piel.

Sin embargo, todavía no está claro cuánto contribuye específicamente la luz azul de las pantallas al envejecimiento de la piel en condiciones cotidianas.

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El sol sigue siendo el factor principal

La radiación ultravioleta tiene una relación mucho más establecida con el fotoenvejecimiento. La exposición acumulada puede favorecer arrugas, manchas y pérdida de elasticidad.

Por eso, protegerse del sol continúa siendo la medida más importante para cuidar la piel.

¿Qué puedes hacer?

Si pasas muchas horas frente a dispositivos, puedes reducir la exposición innecesaria ajustando el brillo de las pantallas y evitando mantenerlas demasiado cerca del rostro.

Para proteger la piel, utiliza un protector solar de amplio espectro con FPS 30 o superior cuando exista exposición solar. Los productos con protección frente a luz visible pueden ser especialmente útiles para personas propensas a la hiperpigmentación.

No necesitas preocuparte por la luz azul de tu teléfono como si fuera equivalente a la radiación solar.

La evidencia actual no demuestra que las pantallas sean una causa importante de envejecimiento de la piel. Para prevenir el fotoenvejecimiento, la prioridad sigue siendo protegerse de la radiación ultravioleta.

 

Fuente: American Academy of Dermatology