El calzado debe proteger los pies y permitir que puedas caminar con comodidad. Sin embargo, utilizar zapatos demasiado estrechos, rÃgidos, altos o que no se ajustan correctamente puede favorecer molestias y lesiones.
No todos los problemas en los pies se deben al calzado, pero algunas señales pueden indicar que tus zapatos están ejerciendo demasiada presión.
Principales señales
- Dolor frecuente. Si tus pies comienzan a doler después de usar determinados zapatos y la molestia desaparece al quitarlos, puede existir una relación con el ajuste o el diseño del calzado.
- Ampollas y rozaduras. Las zonas donde el zapato ejerce fricción repetida pueden desarrollar ampollas, callosidades o irritación. Un calzado de talla adecuada debe reducir estos puntos de presión.
- Entumecimiento u hormigueo. Sentir que los dedos se duermen mientras utilizas ciertos zapatos puede indicar que existe demasiada presión sobre los nervios o los tejidos del pie.
- Callos y durezas. Estas áreas de piel engrosada suelen aparecer como respuesta a la fricción o presión repetida. Si se localizan siempre en los mismos puntos, revisa si el calzado está provocando esa presión.
- Cambios en la forma de caminar. Dolor o incomodidad pueden hacer que modifiques tu manera de apoyar el pie. Mantener esta compensación durante mucho tiempo puede generar molestias en otras zonas, como tobillos, rodillas o espalda.
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¿Cómo elegir un calzado más adecuado?
Busca zapatos que permitan mover los dedos, sujeten bien el talón y no ejerzan presión sobre ninguna zona. Es recomendable probarlos al final del dÃa, cuando los pies pueden estar ligeramente más hinchados.
También conviene reemplazar el calzado cuando la suela está muy desgastada o ya no proporciona un apoyo adecuado.Â
Recuerda, tus zapatos deben adaptarse a tus pies, no tus pies al calzado. Si tienes dolor persistente, heridas, cambios importantes en la forma del pie o problemas de sensibilidad, especialmente si tienes diabetes, consulta con un profesional de la salud.
Fuente: Mayo Clinic







