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El ajo es un ingrediente habitual en la cocina y, además de aportar sabor, contiene compuestos que han sido estudiados por sus posibles beneficios para la salud cardiovascular. Uno de los más conocidos es la alicina, que se forma cuando el ajo fresco se corta, tritura o machaca.

Incluir ajo en la alimentación puede ser una forma sencilla de aumentar el consumo de alimentos vegetales y dar sabor a las comidas sin depender de grandes cantidades de sal. Sin embargo, es importante evitar presentarlo como un tratamiento o como una forma de prevenir por sí solo las enfermedades del corazón.

¿Cómo puede beneficiar al corazón?

Algunas investigaciones han encontrado que el consumo habitual de ajo puede producir efectos modestos sobre ciertos factores relacionados con la salud cardiovascular, particularmente en personas con presión arterial elevada. Entre sus posibles beneficios se encuentran:

  • Contribuir modestamente al control de la presión arterial.
  • Aportar compuestos con actividad antioxidante.
  • Favorecer una alimentación con menos sal al utilizarlo como condimento.
  • Formar parte de un patrón de alimentación asociado con una mejor salud cardiovascular.

¿Es mejor crudo o cocinado?

Al machacar o picar el ajo se favorece la formación de alicina. El calor intenso puede disminuir algunos de sus compuestos, por lo que algunas personas prefieren añadirlo al final de la preparación.

Esto no significa que el ajo cocinado deje de ser saludable. Su principal valor está en incorporarlo regularmente dentro de una alimentación variada.

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No sustituye los medicamentos

Si tienes hipertensión, colesterol elevado u otra enfermedad cardiovascular, el ajo no debe sustituir los medicamentos ni las indicaciones de tu médico. Además, los suplementos concentrados de ajo pueden interactuar con algunos medicamentos, incluidos ciertos anticoagulantes.

El ajo puede ser un buen aliado de una alimentación saludable, pero la protección del corazón depende de muchos hábitos mantenidos a lo largo del tiempo.

Una dieta rica en verduras, frutas, leguminosas y cereales integrales, junto con actividad física regular y la ausencia de tabaco, tiene un impacto mucho mayor sobre la salud cardiovascular.

 

Fuente: National Center for Complementary and Integrative Health