La piel participa activamente en la regulación de la temperatura corporal. Cuando el clima es caluroso, el organismo pone en marcha distintos mecanismos para mantenerse fresco, lo que puede dar lugar a algunos cambios visibles o molestias temporales.

Aunque muchos de estos cambios son normales, conocerlos puede ayudarte a cuidar mejor tu piel durante las temporadas de altas temperaturas.

  1. Mayor sudoración. El sudor ayuda a disipar el calor corporal. En días muy cálidos es normal notar un aumento en la cantidad de sudor, especialmente durante la actividad física o al permanecer al aire libre.
  2. Aparición de sarpullido por calor. La acumulación de sudor puede obstruir algunos conductos de la piel y favorecer pequeñas erupciones que suelen causar comezón o irritación.
  3. Enrojecimiento temporal. La exposición al calor puede provocar que algunos vasos sanguíneos se dilaten, generando una apariencia más enrojecida en ciertas zonas de la piel.
  4. Mayor sensibilidad al sol. Las altas temperaturas suelen coincidir con una mayor exposición solar. Esto aumenta el riesgo de quemaduras y otros daños relacionados con la radiación ultravioleta.
  5. Resequedad en algunas personas. Aunque el calor suele asociarse con humedad, la exposición al sol, el aire acondicionado y algunos hábitos de higiene pueden favorecer la resequedad cutánea.

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La protección diaria sigue siendo importante

Utilizar protector solar, mantenerse hidratado y buscar sombra durante las horas de mayor radiación ayuda a proteger la piel y reducir molestias asociadas con el calor.

Observar cómo responde tu piel durante los meses más cálidos permite identificar necesidades específicas de cuidado y adoptar medidas sencillas para mantenerla saludable.

 

Fuente: American Academy of Dermatology