Hay momentos en los que el trabajo, las responsabilidades o algunos cambios en la rutina hacen que el movimiento pase a segundo plano. Dejas de caminar tanto, realizas menos ejercicio o pasas más tiempo sentado. Aunque estos cambios pueden parecer temporales, reducir demasiado la actividad física influye en distintos aspectos de la salud y puede afectar la forma en que el cuerpo responde a las actividades cotidianas.

Lo más importante es que estos efectos suelen aparecer de forma gradual, por lo que muchas personas no los notan de inmediato.

¿Por qué el cuerpo necesita mantenerse activo?

El movimiento forma parte del funcionamiento normal del organismo. Los músculos, las articulaciones, el corazón y los pulmones trabajan mejor cuando se utilizan de forma regular. La actividad física no solo se refiere al ejercicio estructurado; también incluye caminar, subir escaleras, realizar tareas domésticas o mantenerse en movimiento durante el día.

Cuando estas actividades disminuyen, el cuerpo comienza a adaptarse a una rutina más sedentaria.

Cambios que pueden aparecer con menos movimiento

La reducción prolongada de la actividad física suele relacionarse con diversos cambios físicos y funcionales, entre ellos:

  • Menor resistencia para realizar esfuerzos cotidianos.
  • Sensación de cansancio con actividades que antes resultaban sencillas.
  • Rigidez muscular o articular.
  • Pérdida gradual de fuerza y movilidad.
  • Más tiempo sentado o acostado durante el día.

Estos cambios pueden avanzar lentamente y pasar desapercibidos al principio.

¿Cómo influye en la vida diaria?

A medida que el cuerpo se acostumbra a moverse menos, algunas tareas cotidianas pueden requerir más esfuerzo que antes, como caminar largas distancias, cargar objetos o subir escaleras.

Además, la falta de movimiento puede dificultar la recuperación de la condición física cuando se intenta retomar una rutina activa.

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¿Cómo volver a moverte sin exagerar?

No es necesario comenzar con entrenamientos intensos. Algunas acciones sencillas pueden ayudarte:

  • Caminar unos minutos cada día.
  • Levantarte con frecuencia si pasas mucho tiempo sentado.
  • Aprovechar trayectos cortos para moverte más.
  • Incrementar la actividad de forma gradual.

La constancia suele generar mejores resultados que los cambios bruscos.

Mantenerse activo es una de las formas más sencillas de cuidar la salud. Si has reducido tu nivel de movimiento, empezar poco a poco puede ayudarte a recuperar energía, movilidad y confianza en tu capacidad física.

 

Fuente: World Health Organization (WHO)