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La proteína es esencial para desarrollar músculo, fortalecer el sistema inmunológico y mantener el cuerpo funcionando correctamente, pero es importante elegir las fuentes y cómo consumirlas.

La pechuga de pollo o pavo sin piel se considera una fuente saludable de proteína animal. Las aves sin piel poseen menos grasas saturadas que la carne roja, a la vez que son ricas en proteínas. Un exceso de grasas saturadas en la dieta puede aumentar el riesgo de colesterol alto y enfermedades cardíacas.

Elige aves sin procesar, magras y que no hayan sido inyectadas con grasas o caldos.

La forma de preparación también es clave. Las aves a la parrilla o al horno son más saludables que las rebozadas o fritas. Elige condimentos bajos en sal, así como salsas o aderezos bajos en grasas y sodio.

Por otra parte, la mayoría de los pescados y mariscos también son buenas opciones de proteína.

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Por ejemplo, 113 gramos de salmón rojo a la parrilla aportan aproximadamente 30 gramos (g) de proteína, además de ser bajos en sodio y grasas saturadas. Los pescados grasos, como el salmón, el atún y la caballa, también contienen ácidos grasos omega-3 beneficiosos para la salud cardiovascular.

Busca pescado fresco o congelado que no haya sido rebozado, empanizado ni frito, al igual que pescado enlatado con poco o ningún sodio añadido.

Intenta incluir una variedad de pescados y mariscos en tu dieta, como por ejemplo:

  • Salmón
  • Sardinas
  • Caballa
  • Atún
  • Langosta
  • Camarones
  • Arenque

Algunos pescados y mariscos poseen altos niveles de mercurio u otros contaminantes ambientales, lo que puede causar efectos negativos en la salud, sobre todo en mujeres embarazadas (o en aquellas aptas para un embarazo), mujeres lactantes y niños pequeños. Consulta las recomendaciones y advertencias médicas más recientes al elegir el pescado que consumes.

 

Fuente: Very Well Health