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Cuando empiezas a monitorear y aumentar tus pasos después de los 55 años, el cerebro es uno de los primeros sistemas en responder. Los efectos no se limitan a una mayor agudeza mental; están ligados a cambios medibles en el cuerpo, que incluyen:

  • Circulación sanguínea: El aumento del flujo de oxígeno hacia el cerebro favorece un procesamiento cognitivo más rápido.
  • Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF): La actividad física incrementa la producción de una proteína especializada que beneficia al cerebro y a las células nerviosas.
  • Neurotransmisores: El ejercicio ayuda a equilibrar mensajeros químicos como la dopamina y la serotonina, mejorando el estado de ánimo, la concentración, la atención y la flexibilidad cognitiva.
  • Calidad del sueño: Caminar con regularidad promueve un sueño más profundo y reparador, lo que ayuda a regular los ritmos circadianos y a mejorar la memoria.

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Diversos estudios demuestran que caminar alrededor de 7000 pasos al día se asocia con un menor riesgo de demencia, así como con una reducción de las formaciones anormales de proteínas (llamadas ovillos neurofibrilares) relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

Aunque solo puedas recorrer la mitad de los pasos recomendados, todavía puedes obtener alrededor del 50% de los beneficios totales.

 

Fuente: Very Well Health