Aunque no se sabe con exactitud qué provoca las pesadillas, es posible que surjan al procesar los pensamientos y sentimientos del día a día. Es sumamente importante trabajar en las preocupaciones e inquietudes de los niños para evitar que sucedan, pues podrían mermar su estabilidad emocional, así como dañar su desarrollo.

En primer lugar, es recomendable que los padres se aseguren de que sus hijos tienen una hora regular para dormir y despertar. También, deben reducirse los factores que desencadenen un mal sueño, como los programas de terror o habitaciones poco acogedoras.

Si a pesar de ello, tu hijo aún tiene malos sueños, te aconsejamos:

  1. Apoyarlo. Tu presencia es fundamental para que menor se sienta seguro y protegido.
  2. Dejar en claro que no es real. Habla con tu hijo y hazle entender que todo fue una pesadilla que debe quedar atrás.
  3. Ofrecer comodidad. Demuéstrale que entiendes por lo que está pasando y explícale que tener miedo no es malo. Cuéntale tus experiencias para que comprenda que los sueños pueden ser molestos algunas veces.
  4. Iluminar su habitación. Coloca una lámpara en su cuarto para que se sienta seguro y vuelva a dormir. Según especialistas, una linterna de noche puede ser un buen cazador de malos sueños.
  5. Ayudarlo a volver a dormir. Puedes cambiar su estado de ánimo a través de un elemento reconfortante, como un peluche, una manta o música suave.

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La mayoría de los niños tienen pesadillas de vez en cuando, es decir, no debería ser motivo de preocupación. Si las pesadillas son recurrentes e impiden que tu hijo tenga un sueño reparador, acude con un especialista.

 

Vía: Kids Health