La cicatriz de la vacuna contra la viruela es una marca distintiva que deja la vacunación contra la citada enfermedad.

Dicha cicatriz puede ser redonda u oblonga (es más larga que ancha) y puede parecer más profunda que la piel circundante. Por lo general, la cicatriz es más pequeña que el diámetro de una goma o borrador de lápiz, aunque puede ser más grande.

En algunas personas, las cicatrices de la vacuna contra la viruela causan picazón o son incómodas. Esto es parte de la respuesta normal del cuerpo a la cicatrización.

Cabe señalar que se forma una cicatriz en respuesta a una lesión, que es lo que ocurre con la punción de la vacunación contra la viruela. A medida que el cuerpo repara el daño, forma tejido cicatricial.

En la mayoría de las personas, dicho tejido cicatricial es pequeño. No obstante, algunas personas experimentan una respuesta inflamatoria a la inyección de la vacuna, lo que puede provocar una cicatriz más grande y elevada.

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La razón de la cicatriz es que, al administrar este tipo de vacuna, un proveedor de atención médica sumerge una aguja de dos puntas (o bifurcada) en el líquido de la vacuna, para después clavar la aguja con fuerza en el brazo de la persona.

El sistema inmunitario del cuerpo reacciona al virus vivo en la vacuna creando una defensa que lo expulsa. Es esta reacción la que conduce a la cicatrización.

A medida que el cuerpo combate la infección, comienza a formarse una costra, que puede supurar y causar picazón y tirantez. Esta es una reacción normal a la formación de costras.

Conforme va sanando la lesión en el lugar de la inyección, la costra se cae y deja un área de piel que parece una picadura.

Usualmente, una persona recibe la vacuna contra la viruela en la parte superior del brazo izquierdo, aunque a veces los médicos administraban estas vacunas en otras áreas, como los glúteos.

 

Fuente: Medical News Today