La salud ósea no depende sólo de la edad o de factores genéticos. Los huesos son tejidos vivos que responden a los hábitos cotidianos, especialmente a la alimentación, el movimiento y el estilo de vida. Adoptar prácticas diarias adecuadas permite mantener huesos fuertes, prevenir la pérdida de densidad ósea y reducir el riesgo de fracturas a largo plazo.
1. Incluir suficiente calcio en la alimentación
El calcio es un mineral esencial para la estructura ósea. Consumir alimentos como lácteos, verduras de hoja verde, legumbres y alimentos fortificados ayuda a mantener la resistencia y solidez de los huesos, especialmente si la ingesta es constante.
2. Asegurar niveles adecuados de vitamina D
La vitamina D es clave para absorber el calcio. Exponerse de forma moderada al sol y consumir alimentos que la aporten favorece una correcta mineralización ósea, evitando que el calcio se pierda o no se utilice adecuadamente.
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3. Realizar actividad física con impacto moderado
El movimiento estimula al hueso a fortalecerse. Caminar, subir escaleras, bailar o realizar ejercicios de fuerza ligera envía señales al cuerpo para mantener y mejorar la densidad ósea, incluso en edades adultas.
4. Mantener una postura adecuada
La postura influye en la carga que reciben los huesos. Cuidar la alineación corporal al sentarse, caminar y cargar objetos ayuda a distribuir mejor el peso y a prevenir desgaste innecesario, especialmente en columna y caderas.
5. Evitar hábitos que debilitan los huesos
Algunas conductas afectan directamente la salud ósea. El consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y el sedentarismo se asocian con una menor densidad ósea, por lo que reducirlos es una acción preventiva clave.
Fortalecer la salud ósea es un proceso que se construye día a día. Incorporar estos hábitos de forma constante permite proteger los huesos, mantener la movilidad y favorecer una mejor calidad de vida a largo plazo, haciendo de la prevención una aliada del bienestar.







