Hacer ejercicio es bueno para la mayoría de las personas. Ahora, nuevos estudios demuestran que puede ayudar a los niños con autismo a manejar problemas de comportamiento comunes.

«El ejercicio va más allá de los beneficios relacionados con la salud y el aumento de los niveles de aptitud para las personas con autismo», señaló David Geslak, pionero en el uso del ejercicio para ayudar a los niños con trastorno del espectro autista. «La investigación muestra que el ejercicio puede aumentar la concentración, mejorar el rendimiento académico, reducir los comportamientos estereotipados y generar confianza».

Un estudio reciente publicado en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise encontró que 10 minutos de ejercicio de baja intensidad redujeron la repetición verbal de frases o palabras y el aleteo de manos, dos comportamientos comunes asociados con el autismo.

Otro estudio reciente de la Universidad Estatal de Oregon reveló que los programas de ejercicios específicos deben realizarse entre las edades de 9 y 13 años, para ayudar a los niños a mantener la actividad física. Ahí es cuando los niños muestran la mayor disminución en el tiempo activo, indica el Colegio Estadounidense de Medicina Deportiva (ACSM).

En una encuesta nacional que calificó la efectividad de más de 300 medicamentos, suplementos nutricionales, dietas y terapias para tratar el autismo, más de 700 familias calificaron el ejercicio como el número uno, según el ACSM.

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La experiencia de Geslak enseñando ejercicios en una escuela para niños con autismo llevó al desarrollo de un programa de acondicionamiento físico personalizado, el cual se ha incluido en el plan de estudios de 12 universidades.

Su pasión también fue clave para lanzar, en 2018, el Programa de Certificación de Especialistas en Ejercicios para Autismo. De acuerdo con el ACSM, más de 500 profesionales han participado en él.

«El análisis de la colaboración de los participantes en la parte en línea del Programa de Certificación de Especialistas en Ejercicios para Autismo mostró una mayor confianza en el uso de prácticas basadas en la evidencia», comentó Scott McNamara, profesor asistente de pedagogía de educación física en la Universidad del Norte de Iowa, en Cedar Falls (Estados Unidos). «Esto demuestra que el programa está llenando un vacío de conocimiento para los profesionales, lo que en última instancia se traduce en un mayor acceso a programas de actividad física de calidad para quienes viven con autismo».

Geslak sugiere tres estrategias basadas en evidencia para ayudar a los niños con autismo a ser más activos:

  • Utiliza imágenes: las imágenes y otros referentes visuales pueden ayudar a las personas con autismo a establecer la conexión con el ejercicio y establecer una estructura y una rutina.
  • Establece rutinas: un programa de ejercicios debe integrarse en la rutina diaria o semanal de un niño. Incluso una sesión de ejercicio por semana puede ser beneficiosa.
  • Elige la persistencia sobre la perfección: simplemente haz que tus hijos se muevan, enfatiza Geslak, incluso si el ejercicio no es lo que ve en la televisión.

«La enseñanza de ejercicios a las personas con autismo genera un impacto profundo en el individuo, sus padres y los terapeutas o educadores que trabajan con ellos», aseguró el experto.

 

Vía: Health Day News