Después de tomar leche, un vaso de licuado o algún alimento con lácteos, tu hijo puede comenzar a quejarse de dolor de estómago o sentirse inflamado. Si esto ocurre una y otra vez, es comprensible preguntarte si la leche está detrás de las molestias.
La intolerancia a la lactosa aparece cuando el intestino delgado produce poca lactasa, una enzima que ayuda a digerir la lactosa, el azúcar presente de forma natural en la leche y otros productos lácteos.
Observa qué ocurre después de comer
Los síntomas suelen aparecer durante las horas posteriores al consumo de alimentos con lactosa. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Inflamación abdominal.
- Gases.
- Dolor o cólicos.
- Diarrea.
- Náuseas.
- Ruidos intestinales.
- Vómito, en algunos casos.
La cantidad de lactosa que provoca molestias no es igual para todos los niños. Algunos pueden consumir pequeñas cantidades sin presentar síntomas.
Conoce más: ¿Cómo reducir la cantidad de lactosa que tiene tu dieta?
No retires los lácteos sin orientación
Un dolor abdominal después de tomar leche no confirma por sí mismo una intolerancia. Otras condiciones pueden provocar síntomas parecidos, por lo que el pediatra debe valorar la situación antes de hacer cambios importantes en la alimentación.
Esto es especialmente importante durante la infancia, porque eliminar grupos de alimentos sin orientación puede dificultar que el niño reciba nutrientes necesarios para su crecimiento.
Puede ser útil anotar qué alimentos consumió, qué cantidad y cuánto tiempo después aparecieron las molestias. Llevar esta información a la consulta ayudará al pediatra a identificar posibles patrones.
Busca una explicación, no solo una restricción
Si los síntomas se repiten, consulta al pediatra antes de eliminar la leche o los productos lácteos de la alimentación habitual. Con una valoración adecuada, será posible determinar qué está causando las molestias y qué cambios, si son necesarios, resultan apropiados para el pequeño.
Fuente: NIDDK







