A cualquiera puede pasarle que entre a una habitación y olvide a qué iba, que no recuerde dónde dejó las llaves o que tarde unos segundos en encontrar un nombre. Estos olvidos ocasionales no necesariamente indican un problema. Sin embargo, cuando las dificultades de memoria comienzan a ser frecuentes, interfieren con las actividades cotidianas o se acompañan de otros cambios, es importante prestar atención, ya que pueden ser señales de un deterioro cognitivo, incluido el Alzheimer.
Cuando los olvidos empiezan a interferir
Uno de los primeros signos del Alzheimer puede ser la dificultad para recordar información reciente. Por ejemplo, repetir preguntas, olvidar conversaciones que ocurrieron poco antes o depender cada vez más de notas y recordatorios para realizar actividades habituales.
También pueden presentarse dificultades para resolver problemas, organizar tareas o manejar situaciones que antes resultaban sencillas. Lo importante no es un olvido aislado, sino notar un cambio respecto a la forma habitual de desenvolverse.
Existen otras señales que conviene observar
- Dificultad para realizar una actividad conocida, como seguir una receta.
- Problemas para encontrar palabras o seguir una conversación.
- Desorientación respecto al tiempo o al lugar.
- Dificultad para reconocer objetos o comprender cómo utilizarlos.
- Cambios en el estado de ánimo, comportamiento o personalidad.
- Problemas para tomar decisiones o juzgar situaciones cotidianas.
No todo olvido es Alzheimer
Con el envejecimiento pueden presentarse algunos cambios normales en la memoria. Además, problemas de sueño, ciertos medicamentos, depresión, estrés u otras condiciones de salud pueden afectar la concentración y la capacidad para recordar.
Por eso, si aparecen cambios persistentes, es mejor evitar sacar conclusiones por cuenta propia. Una evaluación médica puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y si existe alguna causa que pueda atenderse.
Conoce más: ¿Cómo diferenciar el olvido común del Alzheimer?
Una revisión oportuna puede ayudar
Si los cambios de memoria o pensamiento empiezan a dificultar actividades habituales, es recomendable comentarlos con un profesional de la salud.
Prestar atención a estas señales permite distinguir entre los cambios esperados con la edad y aquellos que requieren una revisión. También puede facilitar que la persona y su familia conozcan qué apoyo necesitan para mantener su autonomía y calidad de vida durante el mayor tiempo posible.
Fuente: National Institute on Aging







