El magnesio es un mineral que participa en cientos de procesos del organismo. Interviene en la función muscular y nerviosa, la producción de energía, la formación de proteínas y el mantenimiento de los huesos. Aunque está presente en muchos alimentos, algunas personas pueden no consumir suficiente o tener condiciones que dificulten su absorción.

Un déficit de magnesio no siempre produce síntomas al inicio. Cuando la deficiencia es más importante o se prolonga, pueden aparecer manifestaciones que requieren valoración médica, ya que también pueden relacionarse con otros problemas de salud.

El organismo puede dar algunas señales

  • Calambres o espasmos musculares frecuentes.
  • Sensación de debilidad.
  • Fatiga persistente.
  • Hormigueo, entumecimiento o temblores.
  • Alteraciones del ritmo cardíaco en casos más graves.

Estos síntomas también pueden tener otras causas, por lo que es importante no automedicarse con suplementos.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

  • Personas con enfermedades gastrointestinales que afectan la absorción.
  • Quienes viven con diabetes mal controlada.
  • Adultos mayores.
  • Personas con consumo excesivo de alcohol.
  • Quienes utilizan ciertos medicamentos bajo indicación médica.

En estos casos, el profesional de la salud puede valorar si es necesario realizar estudios o recomendar cambios en la alimentación.

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La alimentación es la mejor fuente

El magnesio se encuentra en alimentos como:

  • Verduras de hoja verde.
  • Leguminosas.
  • Nueces y almendras.
  • Semillas.
  • Cereales integrales.

Mantener una alimentación variada suele ser suficiente para cubrir las necesidades de magnesio de la mayoría de las personas.

Si existe sospecha de una deficiencia, lo recomendable es acudir a una valoración médica antes de consumir suplementos, ya que el exceso puede provocar efectos adversos.

 

Fuente: National Institutes of Health