Los alimentos congelados forman parte de la alimentación de muchas familias porque son prácticos y ayudan a conservar los productos durante más tiempo. Sin embargo, todavía existen ideas equivocadas sobre su calidad nutricional y su seguridad, lo que hace que algunas personas los eviten sin una razón fundamentada.
La congelación es un método de conservación que disminuye la actividad de los microorganismos y retrasa el deterioro de los alimentos. Cuando se realiza correctamente, permite mantener muchas de sus características durante semanas o incluso meses.
Mito: Los alimentos congelados pierden todos sus nutrientes
Verdad: La congelación no elimina por completo las vitaminas y minerales. De hecho, muchas frutas y verduras se congelan poco tiempo después de ser cosechadas, lo que ayuda a conservar buena parte de sus nutrientes.
Algunas vitaminas sensibles al calor pueden disminuir durante el proceso previo de escaldado, pero los alimentos congelados siguen siendo una opción nutritiva.
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Mito: Todos los productos congelados son poco saludables
Verdad: No todos son iguales. Existen verduras, frutas, pescado y otros alimentos congelados sin ingredientes añadidos, mientras que algunos platillos preparados pueden contener grandes cantidades de sodio, azúcares o grasas.
Leer la etiqueta nutricional permite elegir opciones que se adapten mejor a una alimentación saludable.
Mito: Volver a congelar un alimento siempre es peligroso
Verdad: Si un alimento se descongeló dentro del refrigerador y no permaneció a temperatura ambiente durante periodos prolongados, en algunos casos puede volver a congelarse, aunque su textura podría cambiar. En cambio, si permaneció varias horas fuera de refrigeración, es preferible desecharlo.
La congelación ayuda a conservar los alimentos, pero no reemplaza las medidas básicas de higiene y conservación durante su preparación.
Elegir alimentos congelados de buena calidad puede facilitar el consumo de frutas, verduras y otros productos durante todo el año. Lo importante es revisar su contenido, almacenarlos correctamente y mantener la cadena de frío hasta el momento de utilizarlos.
Fuente: Mayo Clinic







