Con el paso de los años, es normal que el cuerpo experimente cambios que influyen en la movilidad y el desempeño físico. Uno de ellos es la disminución gradual de la fuerza muscular, un proceso que puede comenzar desde la adultez y hacerse más evidente en edades avanzadas.

Aunque forma parte del envejecimiento, existen factores que pueden influir en la velocidad con la que ocurre.

La masa muscular tiende a reducirse

A medida que envejecemos, el organismo pierde masa muscular de forma progresiva. Esto puede hacer que actividades cotidianas como cargar objetos, subir escaleras o levantarse de una silla requieran un mayor esfuerzo.

Mantener la fuerza muscular ayuda a conservar la independencia y facilita la realización de tareas diarias.

Señales que conviene identificar

Algunos cambios frecuentes incluyen:

  • Menor capacidad para cargar peso.
  • Fatiga física más rápida.
  • Dificultad para levantarse de una silla.
  • Menor estabilidad al caminar.
  • Disminución de la velocidad al realizar actividades.

Estos cambios pueden variar de una persona a otra y no siempre aparecen al mismo ritmo.

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Los hábitos pueden ayudar a conservarla

La actividad física regular, especialmente los ejercicios de fortalecimiento, contribuye a mantener la función muscular. Una alimentación adecuada y el control de enfermedades crónicas también forman parte del cuidado durante el envejecimiento.

Reconocer estos cambios a tiempo permite tomar medidas para mantener la movilidad, la autonomía y una mejor calidad de vida.

 

Fuente: National Institute on Aging