Si sufres una lesión que te causa dolor e inflamación, puedes beneficiarte de la ayuda de un profesional de la salud, como un fisioterapeuta o un quiropráctico, para tu recuperación. Tu terapeuta puede utilizar diversos tratamientos para disminuir el dolor y mejorar el flujo sanguíneo en el tejido inflamado. Uno de estos tratamientos es la terapia con láser frío, también conocida como terapia láser de baja intensidad (LLLT).
La terapia con láser frío consiste en aplicar luz de baja intensidad sobre el cuerpo, generalmente en las zonas lesionadas o inflamadas. Se cree que esta luz, conocida como «láser frío», mejora el flujo sanguíneo y reduce el dolor y la inflamación en los tejidos afectados.
Esta tratamiento no debe confundirse con el láser de alta intensidad que un cirujano utiliza para cortar tejidos. Los diodos emisores de luz en esta terapia no son lo suficientemente potentes como para cortar tejido, pero sí lo suficientemente fuertes como para penetrar la piel y favorecer la cicatrización tras una lesión.
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Concretamente, la terapia con láser frío utiliza fotones de luz que se introducen en la piel mediante un dispositivo con varios diodos emisores de luz. Cuando estos fotones penetran la piel y alcanzan el tejido lesionado, provocan cambios en las mitocondrias, las células encargadas de producir energía. Esto estimula un aumento del adenosín trifosfato (ATP), una molécula que se cree favorece la cicatrización.
No obstante, no cualquier luz es efectiva para este proceso de curación. La terapia láser de baja intensidad, usualmente con una longitud de onda de entre 600 y 1000 nanómetros, es la más adecuada para incrementar el flujo sanguíneo y mejorar la cicatrización de los tejidos lesionados.
Fuente: Very Well Health







