La termorregulación es el mecanismo mediante el cual los seres humanos mantienen una temperatura corporal adecuada para la vida. Es un mecanismo fundamental, ya que una temperatura interna extremadamente alta o baja puede provocar síntomas graves como convulsiones, pérdida del conocimiento e incluso la muerte.

Para los seres humanos, la temperatura ideal para los órganos internos ronda los 37 grados Celsius. Si el entorno externo amenaza con elevar o disminuir la temperatura corporal, el cuerpo toma medidas automáticamente para normalizarla mediante la termorregulación.

Existen tres mecanismos que permiten que se lleva a cabo la termorregulación, y son:

-Sensores (termorreceptores)

Son partes especializadas de las neuronas que captan información sobre la temperatura. Algunos son sensibles al frío y otros al calor. Muchos se encuentran en la piel, pero otros están ubicados en el interior del cuerpo, como en el cerebro, la médula espinal o el abdomen. Estos termorreceptores envían información al hipotálamo.

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-Centro de control (hipotálamo)

Es la zona del cerebro que regula varias funciones corporales clave, como ciertos niveles hormonales, la presión arterial y la temperatura. También integra la información sensorial que llega de los termorreceptores.

Si las señales entrantes son demasiado altas o demasiado bajas, el hipotálamo envía señales para corregirlo. Lo hace principalmente a través del sistema nervioso autónomo, el sistema de nervios que controla las funciones corporales involuntarias.

-Reguladores de temperatura (efectores)

Los efectores son las partes del cuerpo que responden a las señales del hipotálamo para disminuir o aumentar la temperatura corporal central.

Asimismo, la parte del cerebro responsable de la consciencia también recibe señales para alertarnos, por ejemplo, para que nos pongamos un suéter si tenemos frío o para que bebamos un vaso de agua con hielo si tenemos calor.

 

Fuente: Very Well Health