La postura influye más de lo que parece en la forma en que el cuerpo se mueve y se mantiene a lo largo del día. Adoptar posiciones inadecuadas de manera habitual puede generar una sobrecarga constante en músculos y articulaciones, lo que con el tiempo favorece la aparición de dolor persistente.
Aunque muchas personas asocian el dolor crónico con lesiones o enfermedades, la postura suele ser un factor silencioso que contribuye a este problema.
¿Qué se considera una mala postura?
Una mala postura ocurre cuando el cuerpo pierde su alineación natural. Esto puede incluir hombros encorvados, cabeza adelantada, espalda arqueada o permanecer sentado por largos periodos sin apoyo adecuado.
Estas posiciones obligan a ciertos músculos a trabajar más de lo necesario, mientras otros se debilitan, creando desequilibrios musculares.
1. Sobrecarga muscular constante
Cuando la postura no es adecuada, algunos músculos permanecen en tensión durante horas. Esta contracción sostenida favorece la rigidez, el cansancio muscular y la aparición de puntos dolorosos, especialmente en cuello, espalda y zona lumbar.
Con el tiempo, el cuerpo deja de percibir estas molestias como algo temporal y el dolor puede volverse crónico.
2. Alteraciones en la columna y las articulaciones
La mala alineación afecta la distribución del peso corporal. La columna vertebral y las articulaciones reciben cargas desiguales, lo que puede acelerar el desgaste y provocar dolor persistente.
Este impacto es más evidente en personas que pasan muchas horas sentadas o frente a pantallas.
Conoce más: ¿Cómo cuidar las articulaciones desde la juventud?
3. Disminución de la movilidad y la función
El dolor asociado a una mala postura puede limitar el movimiento. La rigidez y la incomodidad dificultan actividades cotidianas, como girar el cuello, agacharse o mantener una posición erguida por tiempo prolongado.
Esta limitación puede llevar a evitar el movimiento, agravando aún más el problema.
4. El papel de los hábitos diarios
El uso prolongado del celular, el trabajo sedentario y la falta de pausas contribuyen a mantener posturas incorrectas. Pequeños ajustes diarios, como cambiar de posición, estirarse y fortalecer la musculatura, ayudan a reducir la carga sobre el cuerpo.
Ser consciente de la postura es un primer paso para prevenir molestias a largo plazo.
La mala postura y el dolor crónico están estrechamente relacionados. Prestar atención a la alineación del cuerpo, hacer pausas activas y cuidar la ergonomía puede ayudar a disminuir el dolor persistente y a mejorar la movilidad, favoreciendo una mejor calidad de vida con el paso del tiempo.
Fuente: Mayo Clinic







