La inflamación es una respuesta natural del organismo para protegerse ante infecciones o lesiones. Sin embargo, cuando aparece de forma frecuente o persistente sin una causa clara, puede ser una señal de que algo en el equilibrio interno no está funcionando correctamente.

Esta inflamación “silenciosa” no siempre provoca dolor intenso, pero sí puede manifestarse a través de molestias generales que afectan el bienestar diario.

¿Qué es la inflamación y cuándo se vuelve un problema?

La inflamación aguda es necesaria para la reparación de tejidos. El problema surge cuando se mantiene en el tiempo. La inflamación crónica de bajo grado puede desarrollarse sin síntomas evidentes, pero influye en distintos sistemas del cuerpo.

Este tipo de inflamación se asocia con fatiga, malestar general y mayor riesgo de enfermedades crónicas.

1. Estrés constante y carga emocional

El estrés prolongado eleva los niveles de cortisol. Cuando esta hormona se mantiene alta durante mucho tiempo, puede favorecer procesos inflamatorios en el organismo.

Además, el estrés suele afectar el sueño y los hábitos alimentarios, lo que intensifica el desequilibrio.

2. Alimentación desequilibrada

El consumo frecuente de ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas poco saludables puede promover inflamación. Una dieta pobre en fibra y antioxidantes dificulta que el cuerpo controle adecuadamente los procesos inflamatorios.

La falta de frutas, verduras y alimentos frescos también influye en este fenómeno.

3. Falta de descanso y sueño de mala calidad

Dormir poco o mal interfiere con los mecanismos de reparación del cuerpo. La privación de sueño se relaciona con un aumento de marcadores inflamatorios, incluso en personas jóvenes.

El descanso insuficiente puede hacer que el cuerpo permanezca en un estado constante de alerta.

4. Sedentarismo o exceso de ejercicio

La inactividad prolongada puede favorecer la inflamación, pero también lo hace el ejercicio excesivo sin recuperación adecuada. El equilibrio entre movimiento y descanso es clave para mantener una respuesta inflamatoria saludable.

Ambos extremos pueden generar estrés físico innecesario.

5. Alteraciones metabólicas silenciosas

Resistencia a la insulina, desequilibrios hormonales o acumulación de grasa abdominal pueden generar inflamación sin síntomas claros. Estas alteraciones suelen desarrollarse de forma gradual, por lo que pueden pasar desapercibidas durante años.

Por eso, la inflamación persistente sin causa aparente merece atención.

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Cuando el cuerpo se inflama sin una razón evidente, suele estar enviando señales de desequilibrio. Revisar el nivel de estrés, la calidad del sueño, la alimentación y la actividad física puede ayudar a identificar el origen y a recuperar el equilibrio general, protegiendo la salud a largo plazo.

 

Fuente: Mayo Clinic