El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones demandantes. Sin embargo, cuando se mantiene de forma constante, puede generar efectos negativos que van más allá del estado de ánimo, influyendo directamente en la capacidad del organismo para defenderse de infecciones y enfermedades.

En la vida diaria, muchas personas conviven con estrés prolongado sin notar de inmediato sus consecuencias físicas.

¿Cómo responde el cuerpo al estrés?

Ante el estrés, el cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. Estas sustancias ayudan a reaccionar en momentos puntuales, pero cuando se mantienen elevadas por largos periodos pueden alterar funciones importantes del organismo.

El sistema inmunológico es uno de los más sensibles a este desequilibrio hormonal.

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1. Estrés crónico y debilitamiento de las defensas

Cuando el estrés se vuelve constante, el exceso de cortisol puede disminuir la eficacia de las células inmunitarias, reduciendo la capacidad del cuerpo para combatir virus y bacterias.

Esto puede traducirse en infecciones más frecuentes o en una recuperación más lenta ante enfermedades comunes.

2. Mayor inflamación en el organismo

El estrés acumulado también se asocia con un aumento de procesos inflamatorios, que afectan el equilibrio del sistema inmunológico.

La inflamación persistente puede interferir con la respuesta normal de defensa y favorecer el desarrollo de enfermedades crónicas a largo plazo.

3. Relación entre estrés, sueño y sistema inmune

El estrés suele alterar la calidad del sueño. Dormir mal de forma habitual afecta la producción de sustancias clave para la respuesta inmunitaria, debilitando aún más las defensas.

Este círculo entre estrés, mal descanso y menor protección inmunológica puede sostenerse si no se corrige.

4. Señales de alerta del cuerpo

Resfriados frecuentes, cansancio persistente o sensación de enfermedad constante pueden ser señales de que el estrés está afectando al sistema inmune. Escuchar estas señales permite intervenir antes de que el desgaste sea mayor.

Atender el estrés no sólo mejora el bienestar emocional, también protege la salud física.

El estrés acumulado puede convertirse en un factor silencioso que debilita las defensas del cuerpo. Hacer pausas, mejorar el descanso, buscar espacios de relajación y ajustar el ritmo diario son acciones que ayudan a recuperar el equilibrio y a fortalecer el sistema inmunológico con el tiempo.

 

Fuente: Mayo Clinic