Masticar suele pasar desapercibido, pero es una parte clave del proceso digestivo. La forma en que se trituran los alimentos influye en la digestión, la absorción de nutrientes y la sensación de saciedad, por lo que mejorar este hábito puede tener efectos positivos en la salud diaria.

Adoptar una masticación más consciente no requiere cambios drásticos y puede integrarse fácilmente en cualquier rutina.

1. Mejora la digestión desde el inicio

La digestión comienza en la boca. Masticar adecuadamente facilita el trabajo del estómago y del intestino, ya que los alimentos llegan mejor preparados para ser digeridos.

Cuando los bocados se tragan sin triturarse lo suficiente, el sistema digestivo necesita esforzarse más, lo que puede favorecer malestares como pesadez o distensión abdominal.

2. Favorece una mejor absorción de nutrientes

Al descomponer mejor los alimentos, las enzimas digestivas actúan de forma más eficiente. Esto permite que vitaminas y minerales se absorban con mayor facilidad, optimizando el aprovechamiento de lo que se consume.

Una masticación adecuada ayuda a que el cuerpo obtenga más beneficios de una alimentación equilibrada.

3. Contribuye al control del apetito

Masticar despacio permite reconocer mejor las señales de saciedad. Este hábito ayuda a evitar comer en exceso, ya que el cerebro tiene tiempo suficiente para registrar que el cuerpo ya está satisfecho.

Además, comer más lentamente suele mejorar la relación con la comida y reducir la ingesta automática.

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4. Reduce molestias digestivas

Una masticación deficiente puede favorecer gases, acidez o sensación de llenura. Tomarse el tiempo para masticar bien ayuda a disminuir estos malestares, especialmente después de comidas abundantes.

Este beneficio es relevante para personas con digestión sensible o con antecedentes de problemas gastrointestinales leves.

Masticar mejor es un hábito sencillo que puede mejorar la digestión, apoyar el control del apetito y favorecer el bienestar general. Prestar atención a cómo se come, reducir las prisas y disfrutar cada bocado puede marcar una diferencia real en la forma en que el cuerpo responde a los alimentos día tras día.

 

Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos