Muchas personas, sin darse cuenta, sabotean sus esfuerzos de pérdida de peso a través de hábitos nocturnos. Estos suelen incluir cenar en exceso, ejercitarse muy tarde o no dormir lo suficiente. Para contrarrestarlo, es útil desarrollar nuevos hábitos saludables, como la planificación de comidas y el establecimiento de una rutina de sueño consistente, que apoyen tus metas.

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A continuación te desglosamos algunos de estos hábitos que pueden obstaculizar tu progreso:

  1. Consumo de postres y dulces por la noche: Comer estos alimentos al final del día puede contribuir al aumento de peso. Investigaciones sugieren que comer tarde favorece la elección de alimentos hipercalóricos, como dulces o frituras. Tales productos son densos en calorías y grasas, pero ofrecen poca saciedad, lo que suele desencadenar más antojos.
  2. Comer cerca de la hora de acostarse: Esto no solo puede perturbar la calidad del sueño, sino que además incrementa el riesgo de ganar peso. Ingerir snacks a altas horas de la noche, además de las comidas principales, añade calorías extra. Estudios indican que cenar muy cerca de la hora de dormir afecta el ritmo circadiano. Para un metabolismo saludable, los alimentos deben consumirse en un lapso de 8 a 12 horas diarias. Comer fuera de este marco temporal, como los bocadillos nocturnos, impacta negativamente el metabolismo, los niveles de azúcar en sangre y el descanso.
  3. Comer sin prestar atención mientras se usan dispositivos: Es común relajarse por la noche mirando el teléfono u otras pantallas. La distracción que provocan dichos dispositivos facilita que se consuma más comida de la necesaria. Se ha observado que niños y adolescentes con mucho tiempo de pantalla diario tienen mayor riesgo de obesidad. Comer viendo televisión u otras pantallas puede llevar a la ingesta de cantidades superiores a las que se consumirían normalmente.
  4. Ingesta de alcohol: Aunque pueda parecer una forma relajante de terminar el día, una copa por la noche puede ser perjudicial para el sueño y la salud en general. Las bebidas alcohólicas suelen ser ricas en calorías, azúcar o ambos. El consumo excesivo de alcohol es un factor de riesgo de obesidad. Es recomendable consultar con un profesional de la salud para determinar un límite de consumo saludable y asegurar una ingesta moderada.

 

Fuente: Very Well Health