Las vitaminas cumplen funciones esenciales en el metabolismo, el sistema inmunológico, la salud neurológica y el equilibrio general del organismo. Cuando su ingesta es insuficiente, el cuerpo suele manifestar señales tempranas que con frecuencia se pasan por alto.
Identificarlas a tiempo permite hacer ajustes oportunos en la alimentación y prevenir complicaciones a largo plazo.
1. Cansancio persistente sin causa aparente
La fatiga constante puede estar relacionada con deficiencias de vitaminas del complejo B o vitamina D. Cuando estos nutrientes faltan, la producción de energía se ve comprometida, lo que provoca sensación de agotamiento incluso después de descansar.
2. Cambios en la piel, uñas o cabello
La apariencia externa suele reflejar el estado nutricional. Piel seca, uñas frágiles o caída excesiva del cabello pueden asociarse con una ingesta insuficiente de vitaminas como A, C, biotina o hierro, especialmente si estos cambios aparecen de forma progresiva.
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3. Mayor frecuencia de infecciones
Un sistema inmune debilitado puede ser una señal de alerta. La falta de vitaminas como C, D o A puede reducir la capacidad del organismo para defenderse, favoreciendo resfriados o infecciones recurrentes.
4. Problemas de concentración y cambios de ánimo
El funcionamiento cerebral depende de varios micronutrientes. Dificultad para concentrarse, irritabilidad o sensación de confusión pueden estar relacionados con deficiencias de vitaminas del complejo B, involucradas en la salud neurológica.
5. Calambres musculares o sensación de hormigueo
Las alteraciones neuromusculares no deben ignorarse. Calambres frecuentes, debilidad muscular o hormigueo en extremidades pueden estar asociados con bajos niveles de vitaminas como B12 o D, especialmente cuando no hay otra causa evidente.
Las señales tempranas de deficiencia de vitaminas pueden ser sutiles, pero no deben normalizarse. Mantener una alimentación variada, prestar atención a estos síntomas y buscar orientación profesional cuando persisten ayuda a proteger la salud y a cubrir las necesidades reales del organismo, favoreciendo un bienestar más completo.
Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos







