Los rayos X proporcionan información importante a los médicos que tratan de diagnosticar un problema óseo. Sin embargo, existen algunos riesgos asociados con la exposición a la radiación, especialmente si eres una futura mamá.

A pesar de dichos riesgos, hacerse una radiografía probablemente sea mejor para detectar cuestiones relativas a la salud del bebé que evitar practicarse una.

Por ello, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) sugiere estas maneras para minimizar tu riesgo:

  1. Informa siempre a tu médico si estás embarazada o podrías estar embarazada, para que, si lo requieres, te sometas a este procedimiento con la mayor seguridad.
  2. Si estás embarazada y el hermanito mayor necesita una radiografía, no sostengas a tu niño durante el procedimiento.
  3. Si tu médico solicita una radiografía, pero te has hecho una recientemente, infórmale que ya recibiste rayos X. Quizás no sea necesario sacar otra placa.
  4. Habla con tu médico acerca de por qué necesitas una radiografía y cuéntale tus preocupaciones sobre los riesgos que puede causar durante el embarazo.

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Recuerda, los rayos X son un tipo de radiación denominada “ondas electromagnéticas”. Las imágenes de rayos X, comúnmente llamadas radiografías, muestran el interior de tu cuerpo en diferentes tonos de blanco y negro. Esto se debe a que diferentes tejidos absorben diferentes cantidades de radiación. El calcio en los huesos absorbe la mayoría de los rayos X, por lo que los huesos se ven blancos. La grasa y otros tejidos blandos absorben menos, y se aprecian de color gris. El aire absorbe la menor cantidad, causando que los pulmones luzcan negros.

El uso más común de los rayos X es para visualizar huesos rotos, pero los rayos X también tienen otros usos. Por ejemplo, las radiografías de tórax pueden detectar neumonía. Asimismo, las mamografías utilizan rayos X para detectar la presencia de cáncer de mama.

En general, se recomienda que las mujeres no se expongan a rayos X desde el momento en que crean estar embarazadas, aunque está demostrado que debe haber una exposición importante a la radiación para que afectar la salud del embrión o del feto. Aún así, es mejor posponer las pruebas radiológicas hasta después del parto, y sólo realizar aquellas consideradas imprescindibles y con una correcta protección de plomo en el abdomen.

 

Vía: Health Day News / Medline Plus / inatal